Una de las opciones más extendidas tanto en reconstrucción inmediata como en diferida es la reconstrucción con un expansor, seguido al cabo de unos pocos meses del recambio por una prótesis.

¿Qué es la reconstrucción con expansor y prótesis?

La reconstrucción mamaria con expansor tiene grandes ventajas. La intervención apenas se alarga después  de quitar el tumor, el tiempo de estancia en el hospital es corto, al igual que el tiempo de recuperación. Posteriormente es necesario hinchar el expansor por medio de volúmenes de suero fisiológico que se introducen de forma sencilla e indolora en la consulta cada semana o dos semanas.

Este proceso de expansión suele durar dos o tres meses. Cuando el tamaño del expansor alcanza el objetivo deseado, o sea parecido a la mama del otro lado, se puede dar por terminada la primera fase del proceso.

Expansor de Mama
La expansión tiene lugar con un pequeño expansor elástico insertado en la zona de la mama. El expansor poco a poco se hincha inyectando suero en cantidades muy pequeñas.

Para unos resultados naturales, lo más importante es respetar las dimensiones que la paciente tiene. Las medidas exageradas pueden perjudicar la salud de las pacientes.

Pasados seis meses desde que terminó la expansión se puede realizar el recambio del expansor por la prótesis definitiva. Un problema habitual en este tipo de reconstrucción es que la mama reconstruida es dura e inelástica y no tiene las propiedades de tacto, consistencia y caída que tiene la mama del otro lado. Por eso es frecuente que la reconstrucción se acompañe de un intento de simetrización en la mama del otro lado. La simetrización, por definición, es temporal, ya que la mama continúa evolucionando hacia su caída natural con el paso del tiempo, mientras que el implante de silicona siempre conserva la misma forma.
Cuando la paciente recibe radioterapia, es necesario cuidar el momento del cambio. Un reciente estudio ha confirmado que las complicaciones del cambio de expansor por prótesis disminuyen cuando al menos se dejan transcurrir seis meses entre la finalización de la radioterapia y el cambio del expansor por la prótesis.
La complicación más frecuente asociada a la radioterapia es la contractura capsular, en la que la cicatrización alrededor de la prótesis se exagera, resultando en dureza y disconfort en la  zona de la mama y el hombro, sobre todo al dormir. Desafortunadamente, efecto de la radioterapia es acumulativo, es decir, que empeora con el paso del tiempo.

 Terminada la reconstrucción con prótesis, es necesario vigilar el implante de por vida. Las recomendaciones del fabricante incluyen la valoración a los 3 años, 5 años y después de forma anual por medio de pruebas de imagen. Si una prótesis de silicona se rompe, la paciente y el médico pueden no notarlo a la inspección o palpación. Por eso es necesario realizar una ecografía. En nuestra práctica no solemos recurrir al uso de resonancia magnética ya que igual que las otras pruebas, no es completamente fiable, y se dan con alguna frecuencia casos en los que se diagnosticó rotura y luego no se confirmó en la cirugía. Nuestra estrategia en caso de duda es volver a quirófano y recambiar el implante.

Un implante roto, aunque esté fabricado con “gel de alta cohesividad” no permanece cohesivo, y la silicona es capaz de migrar hacia los ganglios.

Cuando el gel de silicona migra a los ganglios, es muy difícil de eliminar. Se deposita en diferentes ganglios, en mayor o menor cantidad. No perjudica la salud en el sentido de que no se ha demostrado que produzca cáncer. Sin embargo, todavía no hemos encontrado a ninguna paciente a la que le agrade tener unos “bultos” de silicona en la axila. Generalmente son palpables y pueden ser molestos. Para eliminarlos todos puede ser necesario una linfadenectomía axilar, pero no es recomendable salvo estricta indicación oncológica, ya que esta intervención tiene asociadas un buen número de complicaciones.

Si la paciente está preocupada por los ganglios, son dolorosos y palpables, se puede plantear la extirpación de alguno de ellos de forma localizada.

Normalmente, aunque contengan silicona, la ecografía es capaz de distinguir los ganglios de silicona de los ganglios malignos, por lo que no solemos indicar esta maniobra “para asegurarnos de que no haya nada malo”. Con la ecografía es suficiente. Después de quitar algún ganglio aislado, se puede formar una cavidad esférica que se llena de líquido linfático, y puede parecer que el ganglio no ha sido extirpado. Es cuestión de esperar unas semanas a que el líquido linfático se reabsorba para que finalmente desaparezca la sensación de “bulto”.

¿Qué medidas hay que tomar para preparar la intervención?

Hemos evolucionado notablemente en la preparación de la intervención, y cada vez pedimos a las pacientes que participen más de la preparación. En estos momentos estamos realizando las siguientes recomendaciones:

  1. Abandonar por completo el consumo de tabaco.
  2. Rellenar las reservas de hierro sanguíneo mediante aportes de hierro en ampollas bebibles.
  3. Adquirir medias de compresión mediana para después de la intervención.